martes, 23 de febrero de 2010

CRÓNICA "ROSA" DE LA ENTREGA DE PREMIOS DEL CONCURSO "CUENCA DEL CAUDAL"

Todos se pusieron sus mejores galas para acudir a la entrega de premios del concurso Cuenca del Caudal. Bueno, todos, no; el presentador se quitó la corbata, el maquillaje y el traje, quizá por aquello de que no había televisión de por medio. Y algunos asistentes se lo hicieron notar: "¡Vuelves a ser tú, eh!", le dijeron.

Celestino Rozada, flamante campeón, confesaba en "petit" comité que la final había estado muy reñida y que si hubiese ganado Lolo de Cabranes él lo habría aceptado con naturalidad porque estuvo a la altura de los grandes campeones. Buen tipo este Rozada. La sencillez y humildad de Marisa Valle merecen también su reseña. Es, hoy por hoy -salvando un mal día, que a todos nos puede ocurrir-, la mejor intérprete del actual panorama musical de la tonada. Ganó el concurso, fue segunda en tonada de autor y no se dio la más mínima importancia. Ni un atisbo de vanidad en su persona. Grande Marisa y simpático Fernando, su hermano, que parece llevarlo con naturalidad, como es normal en un paisano. Y paisanos de pura cepa asturiana son también Juanjo, Rogelio y Cantu la Vara. Los jurados contentos y bromeando con algunos intérpretes entre pincho y pincho. Rosario González -me sorprendió- muy en segundo plano, como no queriendo molestar; y Mª José García siempre cerquita de su padre, con el que bailó unas cuantas piezas.

El presidente de la organización, Facundo Fernández, inquieto en el transcurso de la final, liberó su estado de ansiedad y nervios una vez finalizado el acto, cuando constató que no hubo un sólo fallo y todo salió a pedir de boca. Le molestaba la coincidencia entre esta gala y la de elección de "Meyor cantar del añu en llingua asturiana" que se celebraba en la Casa de Cultura Teodoro Cuesta de Mieres, lo que adelantó la hora de comienzo de la entrega de premios, y llevó a algunas autoridades a abandonar Rioturbio un poco antes de lo previsto y con cierta prisa. Estaba Facundo preocupado también por la llegada de Sonia Fidalgo, presentadora de la TPA que le había prometido asistir, y así lo hizo, aunque una vez finalizado el acto.

En todo caso, el presidente del Hogar de Jubilados de Rioturbio pudo colocarle en la muñeca una preciosa pulsera durante el "pincheo" que siguió a la entrega de premios. Ella, encantada y sonriente toda la noche, se fotografió con Diamantina -otra de las estrellas de la velada-, presumió de hija (al igual que Raquel Suárez -IU- de hijo) e hizo gala de sencillez y complicidad. Xuan Bello estaba también en la gloria; discreto pero dialogante. Lo mismo puede decirse de Ismael Arias (alias el Guadiana), quien saludaba a todo quisque con una sonrisa de oreja a oreja y se fotografiaba sin parar. Susana F. Fueyo, concejala de Bienestar Social, departía con Raquel, concejala de IU, con Facundo, y aguantó hasta casi el final como una campeona. Pero lo que se dice comer, casi nada ... la dieta obliga.

Los dos galardonados con el premio Eugenio Carvajal, Javier de Arroes (grabándolo todo para su archivo) y Elías Suárez (acompañado por su mujer, Maruja), estaban tranquilitos en el lunch arropados por Tina Álvarez Soto (viuda del que fuera alcalde de Mieres) y Diamantina Rodríguez. Elías, reacio a acudir a eventos de este tipo, le cogió el gusto a la cosa (¿qué tendrá Rioturbio?) y no había forma de llevarlo para casa.

En el tiempo que medió entre el lunch y el baile, se montó un espectáculo en el salón ubicado en la primera planta del Centro que era para grabar. El presentador ejerciendo de maestro de ceremonias y haciendo sus pinitos como cantante, humorista y guitarrista; el intérprete José María García demostrando sus dotes de monologuista; Lolo de Cabranes destapando el tarro de las esencias que lleva en la voz; Lorena Corripio corroborando que está entre las mejores, y sin nervios de por medio gana más; Carlos Alonso Peñayos sorprendiendo al personal como concertista de guitarra; Francisco Brito, el encargado de sonido, buscando micrófonos por doquier mientras se moría de la risa. Y un buen montón de espectadores pasándolo bomba.

En fin, una fiesta espontánea presidida por la risa, el buen humor y las ganas de divertirse. El pianista, Pablo Álvarez, (menudo desgaste de saliva) a quien, por cierto, nadie disparó, abandonó el local en compañía del presentador bien entrada la noche. Pasados dos días ambos estaban aun en paradero desconocido. María, encargada del bar del Hogar, les busca desesperadamente con la cuenta de los cubatas en la mano. Como dice la canción: "Morena mía, tiempo perdido".
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