viernes, 23 de septiembre de 2011

UN FANTASMA EN EL HERMANOS ANTUÑA

Ayer jueves, 22 de setiembre, se jugaba en el Estadio Municipal Hermanos Antuña de Mieres el partido de vuelta de la semifinal de la Copa Federación que enfrentaba al Caudal Deportivo y al CD Tuilla. El resultado (lo de menos) fue de 1 a 0 para el Caudal que se quedó sin final al haber encajado un 5 a 0 en el encuentro de ida. En todo caso voy a pasar de la crónica para centrarme en algo que jamás había visto en un campo de fútbol. Y mira que he visto partidos de 1ª, 2ª, 2ªB y 3ª división y hasta de juveniles. Pero lo de ayer en el estadio mierense supera todas las expectativas y viene a corroborar que, a veces, la realidad supera a la ficción, que la especie humana es variopinta y que hay deportistas como Nadal, Federer, Gasol, etc., etc., que son un ejemplo a seguir, y otros como Adrián, portero del C. D. Tuilla, que son la antítesis de los anteriores y el espejo donde nunca debemos mirarnos (sobre todo los niños).

Lo del portero del Tuilla merece capítulo aparte. Yo no daba crédito a lo que estaba contemplando. El cancerbero visitante dedicó gran parte del choque a obsequiar a los aficionados caudalistas con peinetas, pérdidas continuas de tiempo, insultos a la grada y gestos semiobscenos (amagó con bajarse el pantalón al menos en un par de ocasiones). Además, nos cantó la de "los cinco lobitos", palmas de la mano bien abiertas (restregándonos continuamente el 5 a 0) y se revolcó por el césped "desmayándose" sobre el balón (como si le hubieran pegado tres tiros) cada vez que el esférico llegaba a su área sin peligro alguno para su portería. Patético, infantil e insufrible. El ínclito Adrián dio un auténtico curso de chulería en sólo noventa minutos y a punto estuvo de provocar una alteración del orden público si no llega a ser porque al final del partido el Presidente caudalista frenó los ímpetus de algunos socios que estaban hasta los cojones de aguantar la prepotencia y la falta de respeto del guardameta visitante.

No se entiende la complacencia del árbitro -incomprensible su ceguera- con este auténtico fantasma -que en la edad media, no tengo la menor duda, habría sido un magnífico bufón del rey- y llama poderosamente la atención porque, al margen de los desaciertos del colegiado, pudo haberse armado la de Dios es Cristo en el estadio mierense. Y todo por culpa de los "numeritos" de un mindundi que denigra la profesión de futbolista y de un árbitro permisivo hasta límites insospechados.

El señorito Adrián (culpo a su juventud de ese desdichado, incorrecto e inoportuno comportamiento), debería de haberse ido a la ducha al menos cinco veces; eso si el árbitro hubiese tenido la profesionalidad que se le presupone. Es intolerable que la provocación continua se quede sin el merecido castigo y flaco favor le hace al fútbol un comportamiento tan fuera de lugar, tan grotesco -sí, grotesco, porque algunas acciones del señorito rayaban en el ridículo- y tan desmedido.

El portero del C. D. Tuilla en el transcurso del partido
Hacía mucho tiempo que no sentía vergüenza ajena pero tú, Adrián, me la pegaste al cuerpo esa tarde muy a mi pesar. Espero que cambies, por tu bien y el de tu equipo. Y que alguien te diga -no pido que te sancionen aunque méritos suficientes hiciste para ello- qué es la educación, el deporte y el fair play. Los fantasmas y los bufones son para los castillos al igual que las bicicletas son para el verano. No se te olvide, chaval; te irá mejor. No lo dudes. Y la próxima vez deja la sábana en casa y las payasadas para el circo.
Publicar un comentario