jueves, 19 de mayo de 2011

REBELIÓN EN LA PUERTA DEL SOL

Manifestantes en la Puerta del Sol. Imagen: El Confidencial
Cuando el pueblo empieza a estar hasta las narices aflora la sabiduría popular. "No hay pan para tanto chorizo" o "No somos antisistema, el sistema es antinosotros", son dos buenos lema para describir el sentir nacional y la situación actual del país, que cuenta ya con un mapa de la corrupción que pone los pelos de punta. Desde que Stephane Hessel publicase "Indignaos" parece que la opinión pública española, tras dos años de crisis y desencanto, tras dos años batiendo marcas negativas (véase la tasa de paro), va tomando posiciones en el asunto y empieza a armar bulla. La plataforma "Democracia real ya", a través de la red, primero, y promoviendo acampadas en distintas ciudades españolas, después, ha conseguido que el cuarto poder (los medios de comunicación) se haga eco de sus reivindicaciones, que los gurús de la bicefalia clamen y hablen de delito electoral (estamos en plena campaña) y que los chamanes fabriquen pócimas de retórica para sacarle a la situación rédito en forma de votos. La única verdad es que de tanto ir a la fuente se ha roto el cántaro. ¿O acaso pensaba la clase política que iban a campar a sus anchas eternamente en esta piel de toro?

No es una novedad que una mayoría de ciudadanos está harta de la crisis (que siempre pagan los mismos) y empieza a estar cansada de una clase política que no da la talla (conocida ya como La Casta), que disfruta de unos privilegios inconfesables. Si a esto le unimos la tiranía del poder financiero, preservada por rescates inexplicables en forma de inyección de miles de millones de euros que salen de las arcas públicas y, por tanto, de los bolsillos del contribuyente (para luego restringir el crédito a las familias), la indignación se dispara y se multiplican los indignados.



Comienza a hacer pupa esta plataforma, esta indignación con tintes de utopía. Demandar regeneración democrática en una país como el nuestro parece, a priori, extraño. O gobernantes, instituciones, partidos y demás poderes, ya sean fácticos o menos, están pillados por los huevos y carecen de capacidad de maniobra o no quieren mover un dedo para revertir la situación (teoría más extendida entre la ciudadanía) porque a nadie le gusta perder privilegios. Así de claro. Las medidas contra la crisis han desatado esa corriente de indignación: reducción de salarios a los empleados públicos, congelación de pensiones, grandes recortes de la inversión pública, etc., etc. Y ellos -La Casta y los Mercados- tan panchos y circulando en sentido contrario como si no pasara nada. Pero las movilizaciones se extienden como regueros de pólvora y empiezan a sonar trompetas de apocalipsis anunciando el final de una era, de una forma de gobernar, de hacer política. Eso, es decir, cambios sociales sin demora, o la revolución social. No hay plan C, aunque muchos ya han demostrado ser expertos en sacarse conejos de la chistera.

Alguien dijo que "tampoco hace falta ser un peligroso activista forjado en los movimientos antisistema para invocar el derecho constitucional a manifestarse en la calle, pedir la reforma de la Ley Electoral y el fin de los privilegios de la clase política, denunciar la censura o reclamar vivienda y trabajo de los poderes públicos". Pues eso, que es, en el fondo, de lo que se trata y lo que se demanda. El 15-M puede marcar un antes y un después en la joven democracia española. Que no decaiga.
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