sábado, 18 de abril de 2009

A LA VEJEZ, VIRUELAS (EN LAS PENSIONES)

Me fastidia profundamente que nos metan el miedo en el cuerpo cuando más cagados estamos, o deberíamos estar. Si nos preocupásemos más por nuestro futuro, el que nos espera cuando finalicemos el ciclo laboral (¿peligra nuestra pensión de jubilación?), y no estuviésemos tan a gustito con las victorias de Nadal, tan empalmados con el fútbol espectacular que exhibe el Barcelona, tan asombrados con la incansable persecución del Real Madrid, tan acongojados con el insondable misterio del R29 de Alonso, tan absortos y metidos en los cuentos de hadas del siglo 21, advertiríamos que hay icebergs que anuncian el desastre por mucho que nos hayamos embarcado en el Titanic. 

Algunos gurús de la economía hispana –Miguel Ángel Fernández Ordóñez, a la sazón gobernador del Banco de España, entre otros- están empezando a sembrar alarma sobre el actual sistema de pensiones, que se puede ir a la mierda en el horizonte del año 2025 si no se acomete una reforma ya. Para evitar el déficit de la Seguridad Social “se propone lo obvio menos aumentar las cotizaciones, que curiosamente se desaconseja. Entre estas medidas está el aumentar hasta 50 años el período de cotización exigido para alcanzar el 100% de la base reguladora de las pensiones, ampliar el período de cálculo incluso a toda la vida laboral y, por supuesto, elevar la edad de jubilación. Sólo la combinación de estas tres acciones nos salvaría de la catástrofe”, dice Juan Carlos Escudier en un artículo publicado en El Confidencial el 18-04-09.

Parece lógico pensar que el descenso de la natalidad, el aumento de la esperanza de vida, la destrucción de empleo por la crisis, que implica menos cotizantes, supone un problema real para el futuro de las pensiones. Como medidas correctoras se está pensando que la sostenibilidad del sistema pasa por admitir que por vivir más se ha de trabajar más tiempo (ampliar la edad de jubilación) o cobrar una pensión más baja.

Es curioso el caso de los políticos (este inciso me parece oportuno para entender por dónde navegamos), sobre todo el de aquellos que se procuran un pensionazo después de dejar sus cargos (todo resuelto para ellos). Por tanto, el problema -como siempre- es para el currante, el asalariado, el mileurista, que percibe unos emolumentos mensuales ridículos y que se encuentra ahora con la incertidumbre de qué va a pasar cuando se jubile. La baladronada de que las personas que cuentan actualmente con una edad de 50 años tienen realmente complicado percibir una pensión del Estado cuando se jubilen me ha producido un subidón total de incredulidad, máxime, cuando me pongo a pensar (qué tiritona me da) que hay gente más simple que el mecanismo de un sonajero y es, precisamente esa gente, la que tiene que sacarnos las castañas del fuego, la crisis del cuerpo, asegurar nuestro futuro. Están obligados profesionalmente a ello (Dios mío, por qué nos has abandonado).

Y luego llega la mareona de contradicciones y posturas divergentes: Gómez Navarro, presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, defiende retrasar la edad de jubilación obligatoria, el ministro de Trabajo, Corbacho, no, los sindicatos tampoco, José Blanco, sí, la vicepresidenta, De la Vega, no. Y el presidente, de momento, no sabe, no contesta, lo cual no sé si es un alivio. Atémonos los machos que se avecinan turbulencias.

Imagen: Miguel Ángel Fernández Ordóñez

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